Ab alta cuncta.

Sendero oscuro... ilusión, inmortalidad.

Publicado en Relatos




 

... Era otro simple y común fin de semana, estaba cansado de la zombi rutina y rueda de una sociedad de naturaleza putrefacta, la noche del viernes y dos días de supuesto descanso me caían tan bien como un vaso de agua fresca a un vagabundo del desierto...

 

Salí de trabajar, agotado como siempre, tan solo el respirar me provocaba un hastió indescriptible. La atmosfera tenia un hedor humano perturbante; como el profundo sonido del bosque disimulado y disuelto entre miles de sonidos pequeños.

 

Mi celular sonó y conteste de mala gana; era Abel llamando desde su casa, aunque en realidad era de su madre quien no lo echaba a la calle por lastima. Quedamos de reunirnos en un bar de mala muerte que conocíamos hace tiempo, también nos encontrarían allá Alejandro y Julio, tan bastardos como Abel, aunque no tanto como yo.

 

Tomé el autobús, lleno de un vapor maldito producto del contacto con la tremenda lluvia exterior y los hocicos rebuznantes de tal vez, veinte miserables.

No cerré los ojos ni me rendí a los brazos del sueño, más aun así, estaba inconciente, sumergido en mi música, metal que pocos oídos en estas tierras han siquiera imaginado...

 

Para cuando llegue al bar, cuyo nombre no mencionare, Abel y Alejandro ya estaban fumando como soldados apunto de entrar en una suicida batalla; aunque lo que vendría seria parecido a eso.

 

Comenzamos a bromear de estupideces, sonriendo sarcásticamente y maldiciendo con ironías ridículas, Abel carcajeaba como siempre, arrogante alma la de él.

Éramos una bandada de cuervos reuniéndose al graznido maldito, estábamos listos para regocijarnos en la sangre y limpiar tantos huesos pudiéramos de este fétido Valle ya muerto, al que algunos llaman Tierra.

 

Decidimos pues, cuando llego el gran Julio, entrar al bar. Como siempre, y como nunca, los malditos ojos ajenos recorrían nuestros rostros en busca de algo que aun yo desconozco, instintos decía Alejandro...

 

Bebí el primer vaso de vodka diluido con jugo de uva, encendí mi primer cigarrillo. En ese momento una brisa recorrió todo el maldito lugar y danzo con el humo que espiraba por mi nariz, en ese momento sentí la muerte burlándose de mí y de mi suerte, cuyo final estaba encaminado (aunque no destinado) a la perdición.

 

Con el segundo vaso de vodka mezclado con jugo de uva, comencé a perder mi equilibrio... mi cuerpo y mi piel comenzaron a ser simples y débiles cadenas, pronto, mi alma sintió las alas que siempre están y nunca revolotean. Comprendía entonces por que los griegos llamaban al vino bebida divina, comprendía a los chamanes que danzaban influenciados por drogas, sentía que mi alma se unía a la misma causa de todos los antepasados que bebieron, igual que yo, para perder la conciencia.

 

Salimos los cuatro; éramos los jinetes de un Apocalipsis ridículo, éramos cuatro miserables que daban simple asco... las miradas ajenas se resbalaban entre nuestros renovados egos, la inmortalidad estaba brindando con nosotros.

 

Entramos al auto de Abel, la carroza demoníaca, cuyo solo interior lleno de manchas rojas nos recordaba las pasadas aventuras, y lo cerca que hemos estado de la muerte.

Malditos estupidos me decía mientras reía con sarcasmo, estaba apunto de entrar en las puertas de un lugar condenado, tarde o temprano, a la destrucción...

 

Aun así no baje, a pesar de todo, aun después de la primera aceleración brusca de Abel, cuyo solo impulso acelero nuestros corazones y calentó nuestra gasolina; que no era, como algunos creen, la sangre roja de nuestras venas, la gasolina de esta putrefacta sociedad, es etérea.

 

Alejandro y Julio pronto llenaron todo el auto de maldito humo, ahora era un antro maldito de cuatro almas desgraciadas. Ahora yo bebía con lentitud milenaria directamente del vodka, cuyo sabor había perdido ardor en mi cuerpo.

 

Decidimos colocar un disco de nuestra banda favorita, o por lo menos la única que nos agradaba demasiado a todos. Comenzamos a cantar los coros, mientras nos turnábamos los solos de voz; comprendía entonces, a los griegos de Magno brindando en la india, entendía perfectamente a los vikingos miserables, embriagándose en medio de la mar.

 

Pronto yo caí, como siempre, más reflexivo que vivo, y es que, el vodka es un veneno rápido; por eso lo amo.

Comencé a vislumbrar la iluminación de la selva de asfalto, estábamos en medio de una batalla sin bandos en las que nuestras opciones eran perder o perder.

 

Abel, lunático y descontrolado ser, ahora carcajeaba escupiendo no solo saliva y vino a charcos, escupía decadencia y verdades tontas de su hocico maldito. Alejandro y Julio se besaban con odio extraño; recordando a los dioses que los cuatro miserables éramos bisexuales...

 

Caí de mi barcaza flotante, y le pregunte con perfecta seriedad a Abel, el rumbo que tenia. Él contesto con una voz igual de seria que la mía, que nos dirigíamos directo al infierno...

 

Todos en el auto habíamos estado a un pequeño paso de morir con anterioridad, todos en el auto habíamos, hace tiempo, deseado tanto que la muerte nos llevara, que navajas o balas ya habían traspasado nuestra piel. No había sorpresa en las palabras de Abel, y si el maldito loco nos quería matar esa noche, era una posibilidad tan viable como que la luna llena despierta instintos dormidos.

 

Volví a mis reflexiones. Abel estaba a punto de chocar en cada puta cuadra, por lo cual no me sorprendía en lo más mínimo, incluso, yo sonreía.

Pronto, el ambiente de calles y postes cambio a arboles y sombras. Se respiraba una atmósfera de muerte; el final, nuestro camino a una falsa inmortalidad.

 

... Llego un momento en que Abel había cambiado totalmente su personalidad, incluso aquella que ya todos conocíamos, aquella que incluso había asesinado antes, había quedado atrás por mucho del nuevo ser que manejaba aquel carruaje en llamas.

 

Después, caímos por una ladera demasiado vertical, chocando con una serie de pinos delgados que por razones que desconozco no nos atravesaron a la mitad.

Cuando abrí los ojos, esperaba encontrar a todos, incluyéndome, destazados y destripados, esperaba vernos agonizantes, tal como aquella brisa del bar había prometido...

 

Pero no, todos y cada uno de nosotros estábamos más que intactos, aunque el auto estaba destrozado. Entonces, respire el aire puro, una brisa recorrió el interior de mis venas, estaba vivo, o algo así.

 

...Estaba, ahí... respirando un poco de la inmortalidad, cuyo brindis nos tocaba aun. De alguna forma, me negaba a creer tal estupidez, por otra, me sentía como un dios en la victoria.


Naark ¥øngørk الظلا



22:28 - 6/09/2008 - comentarios {0} - publicar comentario

Libro IX de Yongork: La bestia Namiro.



 

Solo residuos de lo que fue se perciben en él. Deslizándose en la eterna noche, usando un estandarte de dolor como su poder...

 

Sus ojos emanan maldad, su lengua huele al viento, busca victimas para cazar, después de sus cadenas liberarse... Una bestia aprisionada desde tiempos milenarios por algunos en alguna cárcel de alguna estrella.

Cadenas de fuego llenas de conjuros que arremeten contra la bestia de oscuridad, que en lugar de caer en debilidad se hace más resistente, e incrementa, su poder.

 

Jadea y salpica su baba roja que simplemente corroe vida. Su respiración fatídica hace combustión en el aire helado, su maldad surge como magma puro de su pecho, malgastado vulcano. Esta preparando la decadencia.

 

La venganza. Esperanza maldita alimentada milenariamente con odio y memorias empolvadas... cuando fue, como una llama púrpura, alejado de su ambiente, de los suyos y de lo suyo. Cuando despertó en él el deseo de sangre.

 

Tan solo su presencia evoca una atmósfera húmeda y de vapor frío, moho que llena las almas de los que superviven a su compañía. Tristeza la que llega a sentir el pobre Namiro, venido de las estrellas F´ok, tristeza prontamente sofocado por memorias empolvadas.

 

... Hace poco otras llamas púrpuras y similares fueron a la prisión que lo mantenía encadenado y aprisionado. Trajeron consigo los lamentosos y moribundos deseos de las bellas Madlos.

 

Fueron como el fuego que consume con lentitud apasionada la vida y el cuerpo de algún pobre ser, que se baño a si mismo en ceniza liquida...

 

Pero el Namiro, cuyo nombre solo los de F´ok conocen, aun no termina su venganza. Ha escuchado el llamado negro del cuerno, hecho en los desiertos terrestres por la caravana del sur.

 

Ha fijado, como muchos otros, su vista en el fuego que dará fin a un pasado atormentador y oscuro... aunque nadie sabe con certeza que traerá de sus cenizas.


Naark ¥øngørk الظلا




18:16 - 5/09/2008 - comentarios {0} - publicar comentario

Oh, ultimo amanecer.

Publicado en Poemas


Oh, la mañana, niebla fría que quema y arde.

Abro mis ojos maldecidos y huelo,

el fresco olor de un valle muerto,

olvidado hogar de exiliados, olvidados.

 

No recuerdo mucho de mis sueños,

solo uno de mis tantos inútiles deseos;

deseaba no volver a despertar

en los desgraciados brazos de la soledad...

 

Nortem cokpem, repetía mi corazón

dulce esperanza para vivir sin razón.

La niebla se desvanecía lentamente ante mí,

la batalla destinada a ser nuestro fin.

 

La tierra, el viento y el olvido tragarían mi cuerpo,

el bosque bebería de mi negra sangre;

los gusanos, los cuervos y los lobos tragarían mi carne,

pero el viento cargaría mi triste alma,

volaría a las costas perdidas y por mi mente olvidadas.

 

Oh agrio amanecer...

El cielo, lienzo de los dioses,

caricia leve que besa mi desnudo pecho.

Maldito ejercito el que vendría a darnos fin.

 

Los lobos hacían compañía a los otros condenados

que aullaban también, pero no como llamado.

Los cuervos graznaban cercanos,

felices y fieles compañeros que limpiarían nuestros huesos...

 

Todo mi cuerpo estaba dolido;

deseaba dormir en el suelo...

deseaba seguir soñando calidamente,

aquel amanecer iba a quedar en el olvido.

 

Apenas me decidía a beber rojo néctar,

cuando los centinelas tocaban los Cuernos.

A lo lejos tambores terribles resonaban;

venían mil legiones contra los pocos de mi destruido pueblo...

 

Oh agrio amanecer...

Hoy me veras caer,

como lo hice hace tanto también;

y alguna otra vez...

de mis cenizas me veras volver....



Naark ¥øngørk الظلا




19:16 - 31/08/2008 - comentarios {0} - publicar comentario

Libro VI de Yongork: Condenada Eralc.

Publicado en Relatos



“...He caminado tanto, y por tanto tiempo, que mis escamas se han vuelto tan gruesas como la madera profunda de un pino; mi boca y su interior se han secado por falta de vida, y mis labios quebradizos que tanto anhelaron alguna vez besar, murieron ya en decadencia.

 

Mis pupilas perdieron el brillo que alguna vez tuvieron, al nacer. Mi odioso corazón fue inundado y recorrido por sangre negra y fétida hasta consumirse y quedar como un vil y leve recuerdo de lo que alguna vez fue... y mi voz, aquella con la que solía tratar de imitar a las bellas aves, se empaño y ensucio de maldito polvo. Soy las cenizas de lo que fui, y al mismo tiempo, el edificio en terminación.

 

He visto como se levantaban poderosos imperios; he visto como pequeños pueblos  albergaban más vida que las enormes ciudades humanas. Siempre erigiendo templos para adorarse así mismo a través de los dioses, siempre callando la llama interior que alguna vez yació en ellos.

 

He visto el rostro de los guerreros más valientes cayendo en la desesperación y el llanto, de algún dolor. He vislumbrado tantos magos y supuestos magos, todos temblando de la misma manera cuando algún espíritu sopla de su aliento. He visto como lloran de miedo aquellos que se consideraron tan poderosos, cuando su propia antorcha les daba muerte.

 

... la Decadencia es mi firma.”

 

Eso decía aquel escrito que Naark y yo encontramos por obra de algún viento que trajo nuestro barco hasta aquí. La inundada Glohfe, milenario recinto de los primeros en el planeta, seguro Decadencia llego aquí mucho después y lo consideró adecuado para descansar.

 

En las antiguas tierras de Yomerk, rodeadas de valles llenos de vida y bordeadas por imponentes montañas cuyos caminos solo conocían unos pocos; nació Decadencia.

Hija y legítima heredera del trono de Yomerk que en aquel momento ocupaba “Sak el poeta”.

 

Su belleza y sus tiernos ojos perdían y enamoraban a todo aquel que osara verla, tuvo tantos pretendientes, que al parecer la palabra Amor perdió valor para ella.

Aun pequeña, Eralc, cuya firma es la Decadencia, amaba escribir y leer libros misteriosos que los mensajeros de Sak traían de quien sabe que tierras.

 

Su pasión por la lectura la distraía totalmente de los muchos pretendientes que esperaban desposarla algún día.

Sus labios rojos y llenos de resplandor amaban cantar en el bosque junto a las aves; si algún poeta griego se hubiera topado con la hermosa Eralc, seguro habría pensado que era una Ninfa danzante.

 

Lamentablemente la pequeña dama jamás tuvo el amor apropiado de sus padres. Sak era un ebrio mujeriego y sanguinario que amaba ostentar el poder como un dios, y su madre Yhomuna, se había internado como monja en uno de los templos hacia la Tierra y la naturaleza... Eralc solo tenia sus libros y su fantasía, pues ni siquiera aquellos sirvientes a los que ella tomaba cariño, podían pasar mucho tiempo con ella.

 

... Cuando la pequeña dama se convirtió en una joven de hermosura deslumbrante, la suerte volvió a caer malvada sobre las tierras de Yomerk.

Los cielos atronaban y anunciaban la muerte. Los Jova habían declarado la guerra total contra el reino del viejo y ebrio Sak.

 

La guerra duro poco, los ejércitos Jova tenían los favores de algunos dioses, mientras que los de Yomerk no tenían más que la enorme belleza de Eralc, que algunos aun creen, podía vencer cualquier ejercito.

Destruyeron todo a su paso, quemaron cada vivienda de Yomerk, aprisionaron a aquellos que creyeron que los templos los protegerían, y ahí los dejaron morir de hambre y sed.

 

... Algunos dicen que todos los guerreros de Jova que vieron el dulce rostro de la princesa de Yomerk, tuvieron una inmensa vergüenza y se degollaron a si mismos. Otros dicen que la llamada Diosa de Jova, una guerrera cuya belleza era grande, pero particular, había encontrado a Eralc, y mandado a quemarle toda la piel y mandarla al exilio como recuerdo a los dioses de que la Diosa de Jova era la única hermosa en esas tierras.

Pero los vientos susurran que la Diosa de Jova mando a traer a una bruja de las montañas Qwe, y está maldijo a la bella Eralc a vagar por la tierra exiliada y por “un largo tiempo”...

 

Aun en estos perdidos tiempos, en algunos valles profundos, algunos cantamos cada año por Decadencia; una evocación simple a los oídos sordos de las montañas.

 

 


Naark ¥øngørk الظلا




10:49 - 30/08/2008 - comentarios {0} - publicar comentario

Libro VI de Yongork: Lo que alguna vez fue.

Publicado en Relatos


 

Alguna vez había luces en los senderos, sabios que susurraban en los pueblos. Alguna vez los Anémon daban banquetes en los pomposos templos antiguos; alguna vez peleamos hombro a hombro.

 

La vida abundaba en color y variedad. Desiertos negros se extendían titánicos, seguidos por océanos verdes y profundos. Selvas bordeando la multitud de caminos labrados en metal; ciudades destinadas a la paz.

 

Templos en donde alguna vez se reunieron los Anémon, y bebimos elixires al son de tambores, flautas y voces espaciales. El eco retumbaba en las paredes; conversábamos sobre las fugaces reflexiones.

 

Alguna vez tuvimos las puertas abiertas a cualquier viajero que decidiese vagar en las verdes costas. Alguna vez, en alguna época milenaria danzamos sin guerra: muchos tratábamos de olvidar la Primera Insurrección.

 

... Entre muchos más, estaban los venidos del centro del territorio de Typhon; grandes e imponentes, cuyo solo aliento podía levantar, como derribar. También estaba aquellos venidos de los límites del territorio de Corax, bellos seres de delicados rasgos y voces liquidas, siempre cantando al unísono en grupos pequeños, siempre alegres.

 

También estaban aquellos, como el Dueño de la llama Negra, que nacieron en los limites de las estrellas de Typhon; hechos prisioneros y llevados al centro del territorio de los lunarios, muchos cayeron y se volvieron de Ellos. Venían a olvidar su esclavitud, venían con grandes cicatrices.

 

Pero también estábamos nosotros, nacidos en los olvidados planetas helados, y por lo tanto, nacidos en el ambiente belicoso que rodeaba a los lunarios.

 

Después de la Primera Insurrección, algunos seres, incluso más antiguos que Typhon llegaban de quien sabe donde, y festejaban junto a nosotros, en estos antes tranquilos refugios. Muchos de esos seres, después transmutarían en los Anémon.

 

... Alguna vez rondábamos tranquilos... la mayoría de aquellos, que por largos milenios consideraron la Casa de Typhon como hogar, desaparecieron en distintos destinos. Algunos, retornaron al sueño, otros cayeron prisioneros, otros tantos simplemente decidieron descansar unos momentos, algunos escogimos defender esta Casa con nuestra existencia, pero sobre eso, el antiquísimo deseo de acabar con los lunarios es lo que nos motiva... algunos dicen que en los limites del territorio de Tirrik lo que alguna vez, ha vuelto a ser.

 

Los senderos son muchos en los peligrosos desiertos...



Naark ¥øngørk الظلا

11:41 - 22/08/2008 - comentarios {0} - publicar comentario

Seguir vagando.

Publicado en Poemas



*Mis pupilas se hicieron grises

mi piel pálida como la nieve,

dientes filosos y un aliento asqueroso.

Mi alma transmuto, soy ahora las columnas de lo que fui.

 

He caído en la profundidad del abismo,

soy cazador nocturno sin piedad,

solitaria sombra de lo que fui.

 

- Orco maldito y maldecido,

tú que no elegiste este vil destino,

que no elegiste lagrimas negras

no elegiste ser odiado entre filosofas piedras.

 

Que fuiste abandonado en el frío

y temblando clamaste por una madre;

que creciste entre cuervos y lobos

y tu asquerosa naturaleza no negaste.

 

Orco maldito y olvidado

entre niebla andas,

caminos peligrosos cruzas

sin aun saber que te impulsa.

 

*Mi sangre arde a hervir

fuego negro alimentado por odio,

emano humo danzante de los ojos

desde mis entrañas algo grita.

 

Los vientos soplan huracanados

cada vez más y más enojados

mis llamados solo despiertan a los malditos,

mi sangre hierve febril.

 

-Lanzas gritos desesperados al abismo,

maldiciones y reclamos que consideras rituales,

estas aun así condenado,

a vagar en los infiernos negros, y seguir vagando.

 


Naark ¥øngørk الظلا




10:23 - 17/08/2008 - comentarios {0} - publicar comentario

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