| Ab alta cuncta. |
Libro VI de Yongork: Frío invierno.Aquellas noches fueron particularmente heladas, la nieve cubría el suelo y a los árboles. El silencio era una triste sinfonía; los días eran total penumbra. Naark vagabundeaba en busca de alimento, pero en especial, de aquellos escasos y raramente coloridos ingredientes con los que, según los vientos antiguos, se consigue una bebida un poco cercana a los fluidos divinos; extraños viajes lejanos los que el orco realizaba con ella, apenas para soportar el peso del aire en su cuerpo. Sus terribles pupilas recorrían con desprecio todo el ambiente; un odio profundo emanaba de sus ojos. Sus labios no se movían más que para bostezar aburrido. Su constante observación intimidaba a los habitantes ajenos que, temerarios, se acercaban a él. Esos días recorrió tanto los laberintos boscosos, que encontró un pequeño pueblo. Hacia años que no había visto uno, hacia años que no había vomitado repulsión por causa del fétido olor humano. El orco sentencio su desprecio hacia el pueblo con una sola palabra, la única que había salido de sus labios desde que la nieve comenzó a caer: “Lalanifónyahadan”. Pero, cuando estaba dispuesto a perderse en las profundidades del bosque, fue detenido de golpe por sus pupilas, que vieron aquello que tanto habían evitado ver; una humana joven cuya piel era tan blanca como las nubes del sur, de labios rojo suave, y unos ojos azules, caminaba danzante hacia él. Inocencia, el más bello ser que el orco haya visto. Pero su impacto fue estupido, su cuerpo y sus músculos se tensaron en medio de un claro. Su odio perdió intensidad, sus ojos y su rostro volvieron a sorprenderse, como hacia años que no hacían... Cuando la hermosa humana vislumbro el terrible rostro de Naark, grito, grito con tanta desesperación que sus labios llamaron a las puertas del inmutable templo del orco, que retrocedió unos pasos tambaleándose, como alguien que vuelve de un sueño profundo. Aquello perturbo más que los ojos del orco, aquellos perturbo el pensamiento y el alma de aquel vil ser, que en los laberintos del bosque andaba. Volvió a sentir el punzante dolor de la condena, de ser abominable. Esa noche, ya muy alejado de aquel pueblo, se poso en una alta rama, mientras aspiraba el humo seco. Reflexiono largas horas, volvió a sentirse como un indefenso infante abandonado. ... poco después sus ojos volvieron a emanar el mismo repulsivo odio que siempre, pero su llanto no volvió a refugiarse; el llanto de Naark resonó de nuevo entre el frío abismo del olvido. ... aquel feto despertó de un largo engaño; era una bestia perdida y nada más. Eso, claro, según lo que el viejo orco me relató... Naark ¥øngørk الظلا 01:24 - 10/08/2008 - comentarios {0} - publicar comentarioMirando adentro.![]() Luz de faro tan enceguecedora que perdía mi mente y me hacia seguir desviándome de las costas anheladas, que claramente, me habían olvidado. Estaba yo frente a aquel, mi próximo destino, frente a la viva imagen de lo que yo seria si, por estos escarpados caminos siguiera. Su deformidad me asqueaba, deformidad no física sino mental; cubierto por una capucha a base de la tela más pesada, pero flexible que mis manos hayan podido tocar. Sus ojos brillaban rotamente malditos con una mirada inmutable ante mí... Tenia pura y plena conciencia de si mismo, creo que incluso más que cualquier humano puro de cualquier tiempo. Era un ser pensante, reflexivo, y al mismo tiempo una bestia en constante cacería onírica. A pesar de todo, de las serpientes en llamas que debajo de sus ropas danzaban intimidantes; a pesar de su inmutable mirada roja; y de su figura imponente y temeraria... yo sabia que aquel supuesto sabio, que aquel Pez de aguas púrpuras se diferenciaba de mí, solo en lo profundo de sus nados. Seguía siendo un pobre ser perdido en un violento océano, rodeado de rabiosos dioses que harían todo por hacerlo sufrir aun más... Él, creo yo, me miraba reflexionando en lo mismo, con las mismas conclusiones, e incluso, sintiendo viejas emociones. Así fue pues que, tras un largo tiempo de observarnos inmutables, levante la mirada y vislumbre unas pocas estrellas en un oscuro cielo y un horizonte lejano; fue así que me levante, y deje de observar la imagen que reflejaba aquel, liso lago. Naark ¥øngørk الظلا 22:59 - 5/08/2008 - comentarios {0} - publicar comentarioTerrible segunda posibilidad. (Teil Eins)![]() I.- Las molestas palabras. “Asqueroso ser de los infiernos; que nos visitas sin si quiera haber sido invitado; por que no vuelves al asqueroso vientre del que vienes” Esas palabras sin sentido me revolvían la cabeza una y otra vez, al grado de querer vomitar el recuerdo del ser o seres que las pronunciaron, pero sin, aun así, poder si quiera escupir pedazos de tal vileza. Preguntas inmediatas me venían al reflexionar un poco sobre esas palabras; simples ratos ociosos en los que imaginaba juguetonamente con las posibilidades. Era lógico que eran frases o palabras sin sentido alguno, que yo alguna vez había leído, escuchado o tal vez, incluso simplemente imaginado, y después unido en forma de una oración despectiva hacia mí. Hacia mí, por que siempre me venían junto a imágenes de rostros burlones y de muecas asqueadas, anciana sabiduría que unía fuerza con la joven sed de conocimiento, para eliminar o apartar a su enemigo común: yo. Pero, que significaba todo eso, acaso era yo simplemente odiado, y subconscientemente mis alter ego me lo susurraban como aquellos Centinelas informan a sus amos, o, en realidad yo era un ser de algún tipo de infierno que había atravesado alguna puerta sin ser invitado y, algunos temían de mi asqueante Ser, a tal grado que harían lo posible por regresarme al lugar de donde sea que yo viniese... Lo primero estaba casi totalmente descartado, toda mi vida la he pasado solitario, callado y excluido de la sociedad; todo lo que yo he necesitado me lo han servido mis sirvientes a los que he pagado bien con mi gran herencia, herencia de algún padre desconocido. Estudie en casa con la ayuda de solo mis propios deseos por aprender, aun no sabría explicarlo, pero nunca mis sirvientes me han dirigido la palabra, solo yo a ellos; por lo cual, dudo haber aprendido el idioma del ambiente. Hasta hace unas semanas eso no era inconveniente ni misterioso, las letras son todo y más que suficiente material para aprender a hablar, pero, todo el caso de la segunda posibilidad me ha hecho dudar hasta de mi alimentación. ¿Qué cómo, que bebo? Nunca me había fijado en sutilezas estupidas de esa índole, los sabores son variados, deliciosos y punto. No había nada más que me interesara, era mi vida deliciosa, viajando en la multitud de libros que leía, era mi única realidad. II.- Deseos nuevos. Había dejado de leer, ese impulso que antes me invadía con total naturalidad, como el deseo de comer o de dormir, había desaparecido paulatinamente, creo, principalmente que todo en consecuencia de, la miserable segunda posibilidad. Es que yo no era normal. Yo no era ni había sido como aquellos caballeros que cabalgaban en caballos hermosos, ni un campesino que se deleitara con los amaneceres o anocheceres... yo, apenas salía a los jardines de rosas, cuando era niño, ahora eso no me apetece en lo más mínimo, ahora solo salgo y me escabullo nocturnamente por los fríos pasillos del solitario castillo. ¿Qué era yo? La paranoia me estaba consumiendo, las preguntas se estaban acumulando en mi cabeza y no había ni una solo respuesta. Pasaba días enteros sin comer ni beber nada, inmóvil, sentado y abrazando mis rodillas, con la mirada más muerta de lo común, observando solo el vacío que me rodeaba; todo estaba muerto. Mi percepción de todo cambio, antes mis pensamientos, mi vida total se regia por imaginar que nuevas aventuras tendría junto a los personajes de mis libros, pero luego mi imaginación solo divagaba en las posibles aventuras que yo tendría en mi próximo sueño; imaginaba como podía funcionar cada cosa que me rodeaba, como podía imaginar un poco, que estaba en otro lugar... La palidez fue invadiendo mi rostro, mi caminar, mis movimientos, ahora eran más extravagantes, comencé a caminar como si cojeara, y mis dedos jugaban con el viento cada que podían. Mis ojos ahora más cóncavos danzaban frenéticamente con el ambiente. Estaba desesperado por encontrar respuestas. Una de mis sirvientas entro a mi recamara para dejarme la comida jugosa y el liquido rojizo que hervía en las antiguas copas de plata de las que algún padre extraño alguna vez bebió. Yo nunca había siquiera visto con detenimiento a aquellos, únicos seres parecidos a mí que servían en aquel castillo tenebroso, nunca les di importancia, eran simples ratas recorriendo el castillo silenciosamente; no pensaban si quiera, pero me servían. Yo la observaba inmutable desde un rincón oscuro, nunca había recorrido el cuerpo de alguien con mis ojos, lo disfrute. De repente unos deseos propios de un loco me invadieron, quería tocar a aquella pobre vieja mujer que me llevaba alimento. Me acerque a ella, comenzó a temblar inexplicablemente, lo cual me enfureció sin razón, la voltee bruscamente para presionarle los brazos y por fin acabar con por lo menos una de mis dudas: - ¡Dime algo! – le exigí, para solo obtener una mueca de desesperación, lagrimas y un no silencioso. - ¡Que me digas una palabra ser! ¡Te lo ordeno yo, señor de este castillo al que tú y los tuyos alimentan silenciosamente desde que tengo conciencia! – le volví a exigir, ahora encolerado totalmente. Sin control en mis fuerzas le destroce los brazos, y, ¡oh dioses!, que sorpresa me lleve al darme cuenta de que el liquido que derramaban aquellos rotos brazos era igual de espeso y rojo que aquel que yo había bebido desde pequeño. Me di asco a mi mismo, me aleje de inmediato del ser que yacía tirado en el frío suelo de roca, convulsionándose de dolor, claro no había muerto, pero de su boca solo gemidos salían. Ese fenómeno me impulso a tomar valor y acercarme al moribundo sirviente femenino. Poco a poco el olor de su piel intensificado por el líquido rojo fue danzando entre mis poros, era tan delicioso. Mis ojos de miedo y sorpresa transmutaron, al igual que cada uno de mis más profundos Egos; ahora yo era fuerte. Abrí su hocico, su mandíbula se resistía ante mi revisión. En ese momento no hubo ninguna duda y solo una respuesta, la estrangule inmediatamente, era preciso para continuar con mi examen. Pero maldita nueva sorpresa la que me lleve, al ver que ella no poseía lengua alguna, todo lo demás estaba bien en su boca. Acomode el cuerpo y lo desnude de todas sus prendas, era diferente al mío claro, yo no tenia experiencia con la vida pero no era estupido; las letras son todo y más que suficiente como para aprender sobre los seres vivos. O eso creía en aquellos tiempos. Esa noche dormí tranquilamente, como hacia mucho tiempo que no había dormido, a pesar de que varias interrogantes me seguían llegando, creo que por primera vez respuestas contundentes me fueron reveladas por, mis más misteriosos Egos. III.- Nuevos horizontes. Sentía por dentro que nuevos Egos habían despertado de algún largo letargo, nuevos y más sabios Egos en mí comenzaban a danzar, como magma dentro de un cristal. Cuando desperté ese día el cuerpo de aquel ser femenino había desaparecido, los otros sirvientes seguro se lo habían llevado. Me pregunte entonces, cual seria la respuesta de estos, ¿acaso ellos tampoco poseían lengua? Me vestí y fui a los jardines, había muchas nubes, como siempre, aunque aun así la luz me castigaba las pupilas. A esas horas yo sabia que la mayoría de los sirvientes estarían en los jardines, perfecta oportunidad para hacerlos hablar. Cuando me vieron todos quedaron petrificados, el silencio se hizo profundo, nadie se movía, creo incluso que temían respirar. Me acerque a uno de ellos y lo tome con una mano del cuello: - ¡si nadie habla ahora mismo, asesinare a este miserable ser! ¡Se los ordena el señor de este castillo al que han alimentado con sangre y carne desde hace muchos abriles! – grite a todas direcciones – - ¿¡acaso nadie responderá, malditos!? – volví a gritar, para solo ser golpeado impotente por el silencio bastardo de los que me rodeaban. No deseaba volver a matar a aquellos que me alimentaban, así que ordene a todos a que se pusieran en fila para revisar sus bocas, y comprobar así, si todos habían sido privados de sus lenguas, o había alguno que respondiera a mis preguntas. Uno a uno revise, y en cada uno encontré solo un lejano y apenas distinguible signo de que alguna vez hubo lengua en aquellos fétidos hocicos. Terrible decepción tuve. Pero en aquellos momentos de
preguntas en forma de olas, repito, dentro de mí una extraña sensación de
respuestas hizo acto de presencia. Mire al horizonte, a donde los jardines
acababan y comenzaba un denso bosque, y después, montañas y más montañas. Era
claro que aquello era solo una mínima porción de Yo había preparado todo, había releído aquellos libros de viajeros, había conseguido una botella de metal liviano en donde llevaría líquido rojo hirviente, suficiente como para sorber un poco cada dos meses por, un buen tiempo. Tenia mis vestimentas y mi mochila, un sudor de normalidad me recorrió... por un instante un impacto emocional me invadió, era entonces que me había apartado de mi humanidad, para convertirme en un déspota demonio, o era, que yo era el déspota demonio que estaba recordando su verdadera naturaleza, olvidando, su falsa humanidad. Cada nuevo día conseguía construir nuevas respuestas a base de las “coincidencias” de mi vida; me convencía cada vez más que la terrible segunda posibilidad era, posible. Ahora me deleitaba caminando nocturnamente por los jardines, para solo observar el amanecer nubloso, respiraba el aire fresco e imaginaba por fin, que llegaba a aquellas montañas tan lejanas. IV.- El viaje hacia las montañas. Finalmente, una noche decidí partir, prometiendo no volver hasta tener la mayoría de mis preguntas sofocadas. Tome todo lo que había preparado, y comencé la caminata, era delicioso de cierta forma sentir el viento jugando con mi largo cabello; sentía que mi alma volvía a ser infantil. Los días pasaron sin por mayores, todo era tal y como lo había imaginado, el bosque, sus habitantes escabullidos, los ríos, las noches y los grillos; la luna por fin y el cielo libre de nubes. Tal vez lo más nuevo que vi fue el Sol, cuya luz poderosa me orillo a cubrirme el rostro con tela. Ah, pero igual, era hermoso sentirme por fin un poco libre. Poco a poco me fui acostumbrando a las nuevas pero ya conocidas cosas que me rodeaban; bebí incluso aquel líquido sin color, sin sabor y de olor fresco al que llaman agua. En él me regocije por un rato, era tan simple caminar hacia donde el sol duerme. Llego un momento en el que por fin me volví a sorprender, encontré una especie de camino con huellas de vida recientes, era como aquellos de los que los libros alguna vez me contaron; lo seguí. No paso mucho antes de que me encontrara con un viejo en una carreta halada por un par de hermosos caballos, que no me dieron buenos saludos. - ¡Hola forastero!, ¿que haces por estos caminos fríos y peligrosos solo y sin caballo o burro que te ayude? – me pregunto con una voz entusiasta, muy distinta a la mía, muy diferente. Eran las primeras palabras que mi mente recordaba haber escuchado, era el primer ser con lengua que me hablaba. - Pues estoy caminando en busca de respuestas señor – le dije con nervios alegres. - ¿Respuestas a que muchacho? – dijo el viejo seriamente. - Pues, le pregunto amable caballero, yo señor del castillo a quien los sin lengua han alimentando desde hace muchísimos abriles. ¿Qué soy? – dije entusiasmadamente, pero inmediatamente el viejo se sorprendió y hecho a galopar a su par de caballos ya nerviosos, sus ojos parecían dar vueltas y claramente, había temido de algo. Todo aquello me volvió a traer a una realidad extraña en donde la terrible segunda posibilidad era muy factible. Me entristecí por aquello, al parecer la próxima vez tendría que ser mucho más cauteloso con mis palabras y a quienes se las digo. Por lo menos una pregunta había sido contestada; no todos eran mudos. V.- Meer: Camino y llegada. Seguí caminando por aquel sendero serpenteante, ignoraba a todos los viejos que pasaban en sus carrozas, caballos o asnos, era solo yo y mi nuevo horizonte: encontrar una ciudad, como aquellas a las que Alejandro Magno conquisto. No paraba casi nunca, simplemente seguía, nunca había sentido fatiga alguna en mi cuerpo, aunque delgado y pálido, fuerte. Mis reservas de líquido rojo ya habían llegado a cinco sextas partes, aunque claro que tenia una mínima idea de donde conseguir rojo liquido si se terminaban. El viaje era tranquilo; solo mis Egos, el viento y yo. La mayoría de mis preguntas habían sido dormidas por la tranquilizante sensación que tenia, claro, también por el increíble sentimiento de maravilla ante la extraña libertad en la que ahora revoloteaba. A escasos dos días de mi primer conversación con el viejo de la carroza, encontré por fin una reunión grande de humanos, no era para nada como Babilonia o Alejandría, pero era suficiente para mi, igual, mis ojos y mi alma se habían acostumbrado a ver las cosas sin la pintoresca salsa con la que habían soñado desde siempre en los libros. Las calles, las casas e incluso los habitantes eran grises y tristes, como si vivieran bajo la eterna sombra de algún peligro. Mucho tiempo después me di cuenta de que aquel peligro no era yo, si no la propia naturaleza de la existencia misma. Pero que hacia yo... me dirigí lentamente dentro de aquellas frías calles, observando todo y todos en una sensación de sorpresa y asco simultanea, y vislumbre entonces un lugar donde había muchos hombres, risas y un pintoresco color. Entre en él, era claramente un lugar de vicios, como aquellos saunas de los que los romanos se deleitaban, pero claro, en una escala menor. Me acerque con el que servia la deliciosa imitación del Néctar divino, le di una moneda dorada, suficiente creí yo junto a toda la sala, como para beber un buen tiempo y en buenos vasos. Nunca había probado aquello, pero según los marineros el ron era vida, mientras los conquistadores decían que el vino fino era el cielo, pero yo quería probar el aguardiente local; seguro el paraíso para los habitantes de aquel lugar. Bebí y bebí, era increíble la nueva sensación, bebí y seguí bebiendo, el que servia el liquido me llego a decir que era suficiente, pero mi moneda dorada decía otra cosa. Aun así, pasaron varias horas de bebida frenética y risas extrañas para que mi cuerpo comenzara a sentir el pesado alcohol recorriéndolo. Salí y vomite vomito espumoso, el ardor era tanto, pero igual, yo reía. Esa noche perdí la conciencia... Desperté al siguiente día en el mismo lugar donde había caído, extrañamente y para mi supuesta suerte, ni siquiera intentaron robarme alguna vana pertenencia. Me puse de pie dispuesto a llevarme una botella de aquella aguardiente, el que servia los vasos me la dio sin problemas, y seguí con mi camino, que creo, en aquel momento se estaba alejando de su objetivo principal. Creo que me quede en aquel lugar alrededor de cuatro días con sus noches, aunque en la madrugada el miserable me quería sacar, creo que el color dorado del oro arreglaba todo. Me hice de un nuevo nombre y un pasado común; era el monsieur Vronij, cuya amnesia resumía toda su vida. Conocí a muchos comerciantes viajeros que hablaban de cada estupidez, desde sus supersticiosas creencias que los acompañaban a toda hora cuando cruzaban los “peligrosos” bosques, creo que conocí a un tipo que incluso temía de las lechuzas por que creía que eran demonios observantes condenados a esa forma. Pero uno de esos tantos me hablo de cosas mucho más coherentes; pasaba horas relatando a la mar, las olas, las noches a su lado, pero también sobre los dioses que manifestaban su fuerza en el bello mar; tormentas, huracanes y enormes olas. Todo lo había visto él, un comerciante marino que por alguna razón había terminado a kilómetros de su tan preciado mar. Pero el planeaba retornar con su amada, mar. Hice un trato con él, el oro hablo por mí y no hubo más que abordar su carreta llena de rarezas y cofres; poco valor tenía todo aquello para mis ojos... creo que en aquellos días mi Humanidad comenzó una extraña danza donde alternaba puesto con mi Demoníaca naturaleza: bah, me dije. El viaje fue muy largo, así que tuve que alimentarme acuesta de otra moneda dorada del mismo alimento del que se “deleitaba” mi compañero soñador y estupido. Claro que era solo para disimular mis viejas costumbres, era un juego en el que poco a poco yo ya me estaba convirtiendo en experto. Las mascaras. Pasamos muchos puebluchos igual o peores que el primero que visite, en todos solo nos habíamos detenido a beber como locos, menos en uno. Este pueblo se llamaba peculiarmente Alug, como dije, no era muy diferente a los otros, aunque se podía observar que los ropajes y el color de las casas y sus habitantes era un poco, mas vivo. Nos dirigimos a una casa de bebida, llamada Burdel Norecuerdoque. El olor a sudor en su interior era tan extraño, una pasada sensación me recorrió el cuerpo; el olor danzaba entre mis poros. Mi compañero me dijo que me divirtiera con las féminas, al principio no entendí a que se refería, pero después una de ellas se me acerco sin timidez alguna e incluso puedo decir que dominante. - Hola precioso, cuanto tienes para pagar... - dijo mientras se mordía el labio inferior; su repugnante fealdad era imperceptible, opacada totalmente por su delicioso y deseable cuerpo. Mi humanidad deseaba tener sexo con aquel femenino ser, y mis demoníacos Egos deseaban destazarla. - Lo suficiente para toda la noche querida doncella de lo dorado – conteste sin titubeo alguno. Yo señor del castillo, al que los sin lengua alimentaron por muchos abriles ya era todo maestro en los vicios. El hachis y el opio de algunos otros pueblos eran buenos, pero el tabaco tenía un claro y lógico lugar en mi corazón. Relajante anestesia momentánea para mi, turbulenta mente. Recorrí a besos a aquella deliciosa y un poco gorda fémina, era una diosa en mis brazos. Lamí cada mísero centímetro de su sudoroso y asqueroso cuerpo, e intencionalmente mordí uno de sus labios con sutil fuerza para deleitarme con un poco de su líquido rojizo. Pase todo aquella noche penetrando a aquella prostituta de distintas maneras; de forma natural, hubiera parecido que no era mi primera vez. Oh, estábamos cerca del mar, sentíamos los dos. Esa brisa fría que nos perseguía era calentada de forma salada por el viento al que seguíamos nosotros. Aquellos días mi meta se distorsiono de vil forma; pero creí que era posible posponerla durante un tiempo, además, debía conocer aquel, mar. De alguna manera, indirectamente había ya cumplido parcialmente la promesa que me hice al partir del fétido castillo: había sofocado aquellas malditas cuestiones. Cuando al fin llegamos mi soñador compañero y extrañamente aun no amigo me despertó con alegres gritos “mira, mira monsieur, llegamos a una ciudad costera. Huele el aire marino monsieur, huélelo y vuela con él hacia tus sueños y metas, mira mira, huele monsieur; este es el único vientre que he conocido en mi vida”. A las cuales claro, no preste mucha importancia, era una simple ciudad, más grande que los puebluchos, pero aun nefastamente inferior a Babilonia o al Cairo. - ¿Bueno compañero, y luego que harás en el mar? – le interrogue - Bueno, bueno monsieur, pues navegare en algún barco. Trabajare como marinero, no más no menos, marinero comerciante en barco comerciante. – contesto, con su ya clásico acento. - Entonces, aquí nos separamos ¿no? Creo que encontrare la forma de navegar también, hacia, bueno, muchos lugares. – le dije mientras él se detenía y decía las formalidades tontas de las que algunas personas, a pesar de ignorantes, no se pierden. No volví a ver al buen comerciante vicioso que se embarco en busca de su amada mar. En aquel momento mi humanidad fue sofocada lentamente de nuevo; mis Egos evocaron y volvieron a emanar sabiduría pervertida de mis ojos cóncavos. En aquellos momentos no había dudas y solo una respuesta: compraría mi propio barco y mi propia tripulación. Atravesaría la bella mar e iría a Egipto. Muchas dudas en mi habían sido contestadas de alguna forma inconclusamente confortante. Yo, comenzaba a vislumbrar a profundidad mi verdadera naturaleza... Naark ¥øngørk الظلا 01:31 - 4/08/2008 - comentarios {0} - publicar comentarioLibro VI de Yongork: Musa de los Anémon.((Imagen de Zdzislaw Beksinski)) Mimptar duerme con los muertos como extraño deleite; pero danza entre los demonios cuando la tristeza es mucha. Naark ¥øngørk الظلا 18:03 - 1/08/2008 - comentarios {0} - publicar comentarioConversaciones con el Abismo I.![]() Se que estoy condenado a una existencia vil y asquerosa, aunque, llámenme masoquista o idiota, pero la verdad que si pudiera elegir entre una vida promedio y colorida, ante mi vida gris y maldita, elegiría la mía. Creo que simplemente todos y cada uno de los segundos de martirio que he vivido me han hecho lo que soy, para bien o para mal, yo soy yo. El tiempo pasa nefasto, y le sonrió sarcásticamente, grandes obstáculos se avecinan en mi vida, y se que el dolor que éstos traerán será mucho... pero igualmente las enseñanzas que aprenderé de ellos serán muchas. Mi objetivo espiritualmente es la libertad, libertad física, escapar a esta realidad de la que soy esclavo. Y también es mi objetivo terrenal, la única forma que he encontrado para sonreír a pesar de estar moribundo en el polvoriento infierno, es volar con ayuda de los vicios, alcohol, tabaco, opio, y una larga lista de drogas y formas que aun no he probado, y posiblemente no pruebe. Mi objetivo, a pesar de sonar estupido e irresponsable, me parece ideal, me parece un objetivo muy cuerdo en un mundo loco. Un mundo en donde todos buscan su forma de trascender, o de simplemente pasar tranquilamente... Claro que lagrimas amargas y montones de desesperaciones me esperan en el futuro, lo se muy bien, pero tengo la débil esperanza de que todo fluirá lenta y sublimemente. Cuando muera mi sangre, mi carne y mis huesos volverán al olvido del que algún Genio Malvado los despertó... Naark ¥øngørk الظلا 16:12 - 31/07/2008 - comentarios {0} - publicar comentarioMi extraño abismo.Estoy cansado de navegar hacia ningún lado, de que las estrellas parezcan mostrarme el camino, pero el camino me lleve hacia Ningún lugar. Estoy asqueado del mar furioso y de los vientos caóticos que manejan mi barco descaradamente, quisiera llegar a alguna costa, y si son las costas de las que vengo, seria mucho mejor. Por el día el mar es un caos maldito, los dioses envían a sus servidores por montones y soplan viento de sus oscuras fauces, prefiero permanecer oculto dentro, meditando sobre la maldición, o mejor aun, olvidándome de ella, mientras pienso en mi amada Samantha. Por las noches todo cambia, los vientos son favorables incluso, los mares son calmos y solo me acompaña un profundo silencio, y claro, los recuerdos y las canciones que tanto compartí con mi querida. Convenientemente para los dioses que me maldijeron, el cielo se nubla casi totalmente, y me es imposible navegar sin las misteriosas estrellas... Estoy demasiado cansado ya, aunque aun dos cosas me mantienen vivo, el bello recuerdo de los sublimes ojos que posee mi amada Samantha, y mis vicios, asquerosos vicios que, me mataran antes que los mismos servidores divinos. Las noches son heladas, terriblemente heladas, lo que neutralizo con la vieja aguardiente. A veces temo, tiemblo de miedo ante los monstruos terribles que el mañana brillante puede traer, y nada me queda para limpiar las heridas que éstos dejan en mí, que llorar amarga y desesperadamente... ... pero algo me levanta y evoca en mí una sonrisa, sonrisa desgraciada y apocalíptica, ante un nefasto abismo del que nunca escapare. El dulce rostro de mi amada y querida Samantha, siempre hermosa, siempre dulce. Imagino que esta a mi lado, que charlamos, y que ella me abraza como una tierna madre a un hijo que tiene miedo. Sé que nunca encontrare costa alguna, sé que nunca veré a mi amada Samantha, sé también, que los dioses no olvidan, y las estrellas nunca me volverán a guiar... sé que los únicos brazos que me han amado en todo el universo jamás volverán a abrazarme, que los únicos labios que me han consolado, jamás volverán a besarme... Sé que ahora mis vicios son los únicos que me mantendrán anestesiado, que los únicos brazos que me abrazaran, son invisibles y falsas mentiras, sé que estoy condenado para siempre y por siempre, en estos turbulentos mares como, su único navegante. ... Pero, cada determinado tiempo vienen a mi cabeza pensamientos desgraciados, producto tal vez de los venenos que usan los malditos monstruos, o peor aun, veneno subyugado en mis más borrosas memorias. Estas reflexiones me dicen, que nunca pise aquellas costas de donde vengo, que jamás viví aquellos recuerdos tan, hermosamente peculiares, pero lo peor que me orillan a pensar es que, nunca jamás existió alguna Samantha en mi vil existencia... que solo fueron invenciones posteriores, para supervivir. ¿Pero que más me queda? ¿Tener fe ciega en mis recuerdos borrosos? ¿O tener confianza en la lógica simple? Lógica simple y milenaria, como alguien asquerosamente maldito como yo, habría sido besado por aquellos dulces labios que he considerado reales por tan poco tiempo, ya que, eran, relativamente nuevos recuerdos. Ahí estaba el dilema, era yo y mis vicios con sed de amor, perdidos en medio de mares malditos y sin estrella bondadosa que me guiara, ahí estaba yo la y el roció frío de la silenciosa noche, estaba desamparado y aullando peligrosamente al negro abismo, ¡palabras escupidas a la nada!... era yo y mis vicios decidiendo si, sin importar cuan falsa y estupida fuese la mentira de amar el retrato de la dama más hermosa que mis ojos hayan visto, me quedaría con Ella, ese nuevo arquetipo, mi nueva compañera, aquella cuya historia, según mis vicios, alguna vez sucedió en las lejanas costas purpúreas, en las que nací, pero nunca estuve. Naark ¥øngørk الظلا 20:39 - 30/07/2008 - comentarios {0} - publicar comentario
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Descripción §Ulises Brunø Løzanø ((Naark ¥øngørk)) © Cøpyrigth 2006 - 2008 Inicio Perfil Archivos Amigos Z. Beksinski Preisner Temakel ![]() ![]() ![]() Esta obra está licenciada bajo una Licencia Creative Commons Atribución-No Comercial-Sin Obras Derivadas 3.0 Unported. G. Moon Fucking Music Mensajes Recientes - Muk Órangart: El flujo de nuestro espíritu - Lobezno, muerto: El fuego en mi corazón forja mi tierra. - Delirios/hombre muerto. - Abyssus abyssum: Satus. - Abyssus abyssum: Evocationis. - Exak. - Sendero oscuro... ilusión, inmortalidad. - Libro IX de Yongork: La bestia Namiro. - Oh, ultimo amanecer. - Libro VI de Yongork: Condenada Eralc. - Libro VI de Yongork: Lo que alguna vez fue. - Seguir vagando. - Libro VI de Yongork: Frío invierno. - Mirando adentro. - Terrible segunda posibilidad. (Teil Eins) - Libro VI de Yongork: Musa de los Anémon. - Conversaciones con el Abismo I. - Mi extraño abismo. - Der bras von demoner jest pieuse. - Suaves murmullos. - Verloren. - Sak Ishenam - Scazut um Osmerione. - Libro IX de Yongork: Se levantó del féretro. - Sangre danzante. - Libro IX de Yongork: Caravana del Sur. - Libro VI de Yongork: Búho. - Polenepz. - Llamado ardiente I. - Lastimero llanto de un condenado I. - The Giaour (fragmento) - Im Aslaf Acnalb... - Rutina. - Ab aeterno. - Sin mañana. - Del alma y su vil carcel I. - A fronte praecipitium a tergo lupi: El trono infernal. - La firma humana. - La soledad es oscura, y la oscuridad solitaria. - Decadencia. - Noche fresca. - Auños. - Susurros. - Ex novus. - Deus. - Burzum - Det Som Engang Var - Wolf's Source - Peìèccèÿ Äyxa (2007) - Burzum - Hvis Lyset Tar Oss (1994) - Aidez-moi. - Libro VI de Yongork: Amanen. - Verflucht. - En la profundidad del pozo. - Libro VI de Yongork: Spiritus ubi vult spiritat - Sol negro. - Zui. - Róbame un beso. - Temho. - Fever. Blog Amigos |
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